domingo, 28 de diciembre de 2008

PROYECCIONES ROMANTICAS

Cuando no tenemos pareja y ya no disfrutamos del sexo esporádico (o no es una opción que barajemos) nos lanzamos a la caza de una relación estable, o bien nos deprimimos porque no llega y simplemente esperamos a que llame a nuestra puerta. Deseamos con todas nuestras fuerzas privarnos de muchas cosas básicas como la libertad, la intimidad o por qué no, la infravalorada soledad; para ofrecer otras como el compromiso, la estabilidad y la sobrevalorada compañía.
En este periodo pseudodepresivo de soledad empezamos a soñar como será esa persona, al fin y al cabo por soñar no se pierde nada y así cuando de repente aparezca el amor en nuestras vidas sabremos reconocerlo fácilmente. Primero, a mi parecer, nos imaginamos como sería su físico y separamos en diferentes categorías (lo ideal, lo aceptable y lo inaceptable), añadimos unos cuantos fetiches (que normalmente son rasgos físicos que definían a alguno de tus ex): barba, gafas, mandíbula marcada… Y añadimos el cuerpo a nuestro gusto (basándonos en algún canon de belleza ya establecido o si nuestra imaginación es limitada añadiendo directamente el cuerpo de algún actor de Hollywood de moda (véase Jude Law o el reciente descubrimiento Robert Patinson). Una vez que la máquina está creada confeccionamos el fantasma interior, su personalidad. Para ello, solemos tener en cuenta lo que no nos gustaba de nuestros ex y pedir lo contrario para nuestro nuevo príncipe (egoísta-generoso, celoso-liberal, introvertido-extravertido…). Además de las típicas características que todo el mundo desea pero que muy poca gente tiene: sinceridad, fidelidad, respeto, comprensión o empatía.
El pastel ya está cocinado por dentro y por fuera y estamos a la espera de oler su aroma para acercarnos a él y comérnoslo. Y de repente, un día mientras vives tu pseudodeprimida vida hueles el aroma de este pastel y te lanzas a él. Tienes mucha suerte, ya lo has encontrado, no cabes en ti de alegría, como puede estar pasándote esto a ti. Los primeros meses son los mejores, cada vez que lo ves haces algo interesante (en eso consisten las citas), vas al cine y luego en la cena comentas la película o paseas por la playa cogidos de la mano bajo un paisaje encantador. Todo es perfecto. Va pasando el tiempo y ya conoces sus defectos, los aceptas y vives con ellos: “él es así”. Lo que antes era tu príncipe ideal, ahora se convierte en un príncipe destronado con el que tienes que vivir y aceptar sus defectos, sus problemas los haces tuyos y tienes que sobrellevar sus carencias. ¿No es eso lo bonito del amor? PUES NO.
Entonces parafraseando a alguna folclórica “Se te acaba el amor de tanto usarlo”. Es ese el momento en el que decides dejarlo y volver a esperar un nuevo príncipe sin defectos ni carencias aparentes. Por tanto me pregunto yo. ¿No sería el amor perfecto si no se usara?
Explico lo absurdo de mi teoría, imaginaros que conoces a alguien perfecto, pasas un día entero (o varios) con él y te enamoras perdidamente y justo cuando te despides esperando la próxima cita ansioso no lo vuelves a ver nunca más. ¿Qué pasaría entonces con ese amor? Se consumiría o ¿tal vez no? Siempre he dicho que el amor es como una planta que se tiene que regar para que se mantenga viva, pero y si cuando ya tienes la planta no la riegas con el agua del roce y el contacto sino con el sol de lo “que pudo haber sido y no fue” con los rayos de “la esperanza de que esa era tu personal ideal” con los minerales de todos los pocos recuerdos que conservas pero lo perfectos que fueron.
No sé bien cómo explicarlo, pero si solo tienes unos pocos momentos con alguien y estos fueron PERFECTOS, eso es lo único que tienes y eso es simplemente, PERFECTO. No hay decepciones posteriores, tienes a esa persona en un pedestal (posiblemente irreal si hubiera habido más citas, pero real para ti porque no tienes nada más que esos pocos momentos). Entonces día a día los recuerdas, añadiendo cada vez más detalles, perfeccionando la fantasía, alimentándola, haciéndola más y más perfecta, haciendo crecer más y más ese amor que surgió pero que no pudo desarrollarse en la vida real, sino que desarrolla en tu mente. Y se desarrolla como tú quieres que se desarrolle. Partiendo de una base (un príncipe perfecto), imaginándote como sería tu vida con él, haciendo las cosas como si él te viera, viendo su cara en la cara de los desconocidos.
Esto aunque parezca raro, puede suceder y es muy frustrante, porque nadie de la vida real puede estar a la altura de aquel chico que una vez conociste, ni siquiera él mismo si se materializara frente a ti, porque en tu mente lo has enriquecido y mejorado.
Esto se llama proyecciones románticas y se habla de ello en un par de películas que he descubierto hace poco y que me parecen fundamentales. Os la recomiendo fervientemente (la primera de ellas Antes del Amanecer y su continuación Antes del Atardecer.)

lunes, 8 de diciembre de 2008