Los días pasan y la vida continúa para todos, ajenos a las desgracias de los demás, escuchamos y nos compadecemos, ofrecemos apoyo y somos un apoyo para los que no son tan afortunados. Las penas nos rodean pero nos son ajenas, las lágrimas nos acompañan pero nunca son las nuestras. Y van pasando más y más días, y no te das cuenta de la suerte que tienes, por ser ESA persona, la persona en la que alguien confía para confesar sus malos momentos, por no ser el protagonista del drama, por ser el actor secundario en la vida de los demás.
Hasta que un día ocurre y eres tú, te toca a ti, siempre tarde o temprano tiene que tocarte, no puedes escapar, las desgracias llegan a tu vida para quedarse y tienes que lidiar con ellas. Es entonces cuando eres TÚ el protagonista, el que busca actores secundarios en su vida que le acompañen, que le escuchen, que lleven parte del peso que a partir de ahora, como protagonista, debes llevar acuestas. Y es entonces cuando te das cuenta que eres el actor secundario de muchos, llevabas ya mucho peso ajeno encima, has sido ESA persona para otros pero ellos no son ESA persona para ti.
Es entonces cuando llevas demasiado peso encima, es cuando lo que antes era un camino llano ahora se convierte en una cuesta pronunciada. Cada nuevo día es una nueva cuesta, cada día cuesta más llegar hasta la cima, porque el peso es mayor y tus fuerzas menguan. Te esfuerzas más y más, eres una persona fuerte, pero no invencible.
Siguen pasando los días y te esfuerzas más y más para conseguir llegar, pero caes. Te levantas y vuelves a caer, el peso es insoportable. Las heridas producidas por todas esas caídas sangran, siempre abiertas, no se pueden cerrar debido al peso; te marcan y te dejan huella para siempre.
Entonces un día no puedes más: justo cuando estas a punto de llegar arriba te dejas caer, dejas que todo el peso caiga sobre ti y te lleve cada vez más y más abajo. Nunca la cima había estado tan alta y ahora ya no te sirve de nada esforzarte. Acabas sumido en un profundo agujero del que no puedes salir, unas arenas movedizas en las que cuando intentas moverte te hundes todavía más y más. Y tu vida se convierte en una planta nepente de la que no puedes salir.
domingo, 9 de noviembre de 2008
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1 comentario:
muy buena reflexión y aunque nos pese es muy cierta....
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