miércoles, 25 de marzo de 2009

INSTROPECCION part II

Recuerdo el primer día que fui a Salvation, nunca antes había salido por el ambiente, de hecho todavía no era gay. Me explico, todos los que me conocéis sabéis que defiendo que la homosexualidad tiene un componente genético muy elevado y es en segundo lugar el componente social el que modela la expresión de esta homosexualidad; pues bien yo en ese momento era un gay no verbalizado. Estaba en mis genes, no soy ingenuo y sé que la gente de mi alrededor lo sabía (como decían en un capitulo de Dawson crece “Si se mueve como un gato, salta como un gato y maúlla como un gato: es un gato”) pero yo no lo había verbalizado, por lo tanto la vivencia (o no-vivencia) solo existía en mi mente y no se materializaría hasta que saliera de mis labios y fuera escuchada por otra persona que no fuera yo. De hecho, recuerdo que mucho tiempo después de aquel primer día en Salvation, cuando ya era sexualmente gay todavía no podía decir las temidas palabras “Soy gay” aunque lo intentara.
Volviendo al día en cuestión, recuerdo que entrar allí me causó una gran impresión, nunca había visto a tantos hombres juntos, la ausencia de mujeres resultó muy extraña para mí. Las luces bajadas, todos esos cuerpos moviéndose, acercándose entre ellos, las feromonas expandiéndose por todas partes, el cortejo, el preludio del sexo, todo entre hombres. Lo primero que me vino a la mente era que aquello era un gueto (las reducidas dimensiones del local favorecieron a la formación de esta idea) y discutí conmigo mismo si aquello era correcto o no, si eso era el futuro o solo lo que se nos ha permitido ser. Meses después, un chico con el que salí una noche me dijo que aquello era un atraso, que en otros países eso no era necesario y que lo mejor eran las discotecas mixtas, pero no le creí, y entonces entendí que Salvation era tal y como los gays necesitábamos que fuera. Siempre lo he comparado con una tienda de jamones: entras, miras uno por uno todos los jamones que hay colgados, comparas las marcas que lleva cada uno (Navidul, el Pozo…), tocas alguno y miras si está duro y eliges casi al azar y solo por el aspecto el que te llevas a tu casa. A veces aciertas y a veces no, pero el jamón siempre cumple con su función principal, alimentarte. Entendí el extraño lenguaje que se cocía por allí: mirada-devuelves mirada- sonrisa-devuelves sonrisa-acercamiento-breve presentación-baile con toqueteos- y lo demás todo el mundo ya lo sabe.
Así conocí a algunas personas que fueron importantes es mi vida y otras que no tanto. Si vuelvo la vista atrás me doy cuenta que allí empezó todo, y me entristece que todo aquello fuera sustituido por un moderno y carísimo club lleno de luces y pantallas pero frio y sin alma.

Os dejo con una de esas canciones que siempre me recordará a Salvation

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